La CLITORIDECTOMÍA como proceso de control

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Ilustración de Mark Ryden

Operaciones quirúrgicas occidentales sobre el cuerpo femenino

En la actualidad cuando desde occidente escuchamos la palabra ablación del clítoris o mutilación genital, en seguida nos imaginamos las prácticas rituales de mutilación de los genitales femeninos en África, en seguida pensamos en la extirpación parcial o total de los genitales externos de las niñas africanas.

¿Conocemos, sin embargo las prácticas quirúrgicas a las que fueron sometidas cientos de mujeres con el beneplácito médico en la época victoriana?

¿Estamos al tanto de intervenciones quirúrgicas como el rejuvenecimiento vaginal a la que se confian cada vez más mujeres para alcanzar un canon de belleza ?

¿Qué hay de las clitoridectomías y otras operaciones quirúrgicas a las que se somete a muchas personas intersexuales al nacer?

isaac-baker-brownSi hacemos memoria y regresamos un instante, no tantos años en la historia europea, a la Inglaterra Victoriana del siglo XIX nos encontramos, con que prácticas como la masturbación, la histeria, la hipersexualidad o el lesbianismo, consideradas síntomas de trastornos sexuales se pretendían curar con prácticas quirúrgicas como la clitoridectomía (extirpación) o la histerectomía (eliminación de útero y ovarios) y que el mismo tratamiento llegaron a usar en algunos psiquiátricos hasta el 1935 para tratar la epilepsia o la melancolía. A lo largo del siglo XIX la Clitoridectomía o extirpación del clítoris como operación para tratar una serie de trastornos médicos como la epilepsia, la locura, la catalepsia y la histeria estaba a la orden del día. En la inglaterra victoriana, el prestigioso ginecólogo Isaac Baker Brown, especialista en enfermedades de mujeres y fundador de la casa londinense quirúrgica de la mujer, realizó innumerables clitoridectomías basándonse en una teoría poco fiable pero ampliamente aceptada, antes de que la sociedad obstétrica de Londres le expulsara bajo la acusación de la realización de dichas extirpaciones sin el consentimiento de las pacientes. Brown, que mantenía la idea de que la masturbación femenina conducía a estados de histeria y epilepsia y a la idiotez o la muerte en posteriores estadios, defendió junto con tantos otros médicos de la época que aceptaron sus postulados, la eliminación del clítoris como tratamiento y prevención de lo que estimaban una degeneración de las mujeres, una operación que consideraban inofensiva para tratar a sus pacientes. Según Brown, poniéndo de manifiesto el carácter espantosamente cruel y misójino de la historia de la psicología femenina, los indicios de estas enfermedades de mujeres incluían tornarse “inquieta y excitada o melancólica y retraída, apática e indiferente a las influencias sociales de la vida doméstica”. A menudo se exhibe una gran disposición para lo nuevo, el paciente desea escapar de casa, deseando convertirse en una enfermera en los hospitalesA estos sintomas en la mujer soltera, en el matrimonio, se añade el disgusto por el acto conyugal(Brown 1866, citado en Sheehan1997:327).                                              Y aunque este fenómeno se ha abolido en occidente y el corte ritual permanece vigente en muchos países, son muchas otras las operaciones quirúrgicas de modificación corporal a las que se someten cada vez más mujeres (y cada vez más jóvenes) en las sociedades occidentales.

vaginoplastia-laser-1Se trata a menudo de operaciones de cirugía estética con el objetivo de ajustarse a los patriarcales patrones estéticos. La vaginoplastia que comprende prácticas como el rejuvenecimiento vaginal, el estrechamiento vaginal, la reducción del tamaño de los labios, el revirgenamiento o reparación del himen, la extirpación de la capucha del clítoris o los implantes mamarios son algunos ejemplos de las intervenciones a las que, y pese a sus riesgos, cada vez más mujeres se someten con propósitos meramente cosméticos[1].

Sin ánimo de defender la ablación del clítoris por motivos rituales y de omitir los consecuentes perjuicios irreparables que amenudo conlleva; es cuanto menos curioso que frente a la libertad de decisión ofrecida para la modificación de los genitales femeninos con motivaciones estéticas, el corte ritual esté totalmente prohibido a pesar de que sea una mujer adulta la que da el consentimiento para someterse a él. La única diferencia apreciable radica en que “ éstas últimas se realizan sobre mujeres blancas en clínicas y hospitales con el fin de mejorar el aspecto físico o la satisfacción sexual, en lugar de celebrar un ritual tradicional, del cual las mujeres son consideradas víctimas pasivas.” (Cuerpo femenino y diversidad cultural, pàgina 347).

xxyDel mismo modo, queremos visibilizar la existencia de la mutilación parcial del clítoris (y del pene) que se practica a centenares de bebés tras un diagnostico de intersexualidad. Aproximadamente una de cada 2000 personas nace con genitales ambiguos, con un pene demasiado pequeño o un clítoris demasiado largo según la norma cultural que define lo que es un cuerpo normal. Aunque la intersexualidad no es una enfermedad, a pesar de que en la mayoría de los casos sus órganos genitales no presentan problemas médicos reales, estas criaturas a los pocos días o meses de nacer son intervenidas sin su consentimiento a cirugías, a menudo con graves consecuencias, como infecciones o pérdida de sensibilidad en los genitales para el resto de sus días. La libertad de decisión sobre su identidad sexual queda anulada desde el momento en que los progenitores o la clase médica les asignan con la intervención quirúrgica una de aquellas dos susceptibles de reconocimiento social. La necesidad de eliminar dicha ambigüedad está relacionada con la adaptación y normalización de los cuerpos dentro de unos parámetros dicotómicos culturales de lo que deben ser las mujeres y los hombres, con motivos estéticos y de control cultural y no con fundamentos médicos reales. En el fondo “cuando los genitales son ambiguos, no se revisa la idea de la naturaleza dual de los genitales sino que se disciplinan para que se ajusten al dogma”. (Pensar la intersexualidad hoy, Página 5,); lo que se pretende eliminar es la diferencia, el desafío que supone un cuerpo no legible dentro del marco binario socialmente aceptado. Con estas mutilaciones se cercena la diversidad real de los cuerpos con el objetivo de adaptarlos a los dos supuestamente únicos y deseables con el añadido de tener efectos secundarios en las vidas de estas personas como si solo merecieran existir y ser amados adaptandose a esta superficial normalidad.                                                                                                              Cuando diagnosticamos la intersexualidad a una niña y la operamos reduciendo su clítoris por considerarlo extremadamente largo a favor de su femeneidad no sólo estamos vulnerando el derecho a decidir sobre su propio cuerpo cuando tenga uso de razón; también están interviniendo dispositivos de poder que funcionan frente a las amenazas de una mujer que no es como las mujeres deberían ser en un orden heteropatriarcal, una mujer que con su clítoris alargado tal vez disfrute de una sexualidad distinta con otros hombres y otras mujeres.

Algo similar ocurre con la cirujía estética que aumenta pechos, fabrica labios o rejuvenece vaginas, aunque en estos casos, generalmente, son decisiones tomadas autónomamente, no puede entenderse, salvo en casos excepcionales, como una efectiva herramienta que mejora la autoestima; ya que desde mi punto de vista el sometimiento a los canones o normas estéticos no dejan de ocultar la falsa dicha que una sociedad obsesionada con una determinada imagen corporal y con unos controladores roles sociales de género vende.    En todos los casos la medicina se presenta como autoridad irrefutable en su criterio descaradamente parcial a la hora de nombrar lo patológico y lo normal. Se trata de cirujías normalizadoras, de intervenciones que responden a imperativos corporales culturales que nos alejan de la belleza de la diversidad corporal existente y que mantienen un sufrimiento y frustración innecesario.10157336_1516394638587780_831203262375690973_n

Tras un diagnóstico de intersexualidad, al momento de nacer o poco más tarde en la vida, las preguntas teñidas de angustia se suceden: ¿Podrá ser una mujer feliz con ese cuerpo? ¿Será feliz la buena mamá que quiere llevarse, al fin, a su hija recién nacida a su casa, será feliz si no se interviene y se le asegura que después del quirófano podrá cambiar sus pañales sin la angustia de la diferencia, que podrá mostrarla desnudita a sus hermanas, y sobrinas, y vecinas, sin sentir el azote de la vergüenza de otro cuerpo, indebido para una niña, un cuerpo fuera de la correcta conjugación de los géneros, capaz de suscitar confusiones, y espanto, y desvío? ¿Será capaz de crecer como una niña entre otras niñas? ¿Será capaz de encontrar, con ese cuerpo, a un hombre que la desee y que la ame –puesto que toda mujer crece para convertirse en el objeto de deseo amoroso y sexual de un hombre cuyas elecciones y posibilidades también son estadísticos? ¿Y qué decir si el recién nacido es un varón, un varón intersex cuyo pene no crecerá, o que manifiesta alteraciones insalvables?. Un varón que, de no intervenir la cirugía, se formará entonces privado de algunas de las experiencias constitutivas de la masculinidad –orinar parado, cambiarse en el vestuario de varones de la escuela, comparar el tamaño triunfal de su pene con otros adolescentes, privado de penetrar a una mujer cuyo deseo también ha sido reconocido, regulado y limitado desde su nacimiento. Las intervenciones normalizadoras inmediatas son necesarias entonces, se argumenta, para sostener el legado experiencial de la especie, que autoriza y reconoce sólo un repertorio limitado de identidades posibles, articuladas en vivencias de los corporal que pertenecen, en nuestra experiencia, más a la cultura, a los psiquiatras y a los médicos, a los maestros y a los padres, antes que a las mismas personas intersex, que excepto en contadas oportunidades nunca son consultadas en la modificación quirúrgica de sus genitales –y en muchos casos, de su identidad de género. Las intervenciones quirúrgico- hormonales aparecen justificadas desde la urgencia: la urgencia de anclar firmemente el género en un cuerpo que lo autorice, que lo manifieste reafirmándolo en su carácter de verdad natural” (Mauro Cabral,119, Pensar la Intersexualidad hoy)

“No es un movimiento en contra de aquellas intervenciones necesarias, justificadas plenamente desde la medicina, y no desde la ansiedad y el malestar cultural. No es, por lo tanto, un movimiento en contra de nadie, sino que se trata de un movimiento de afirmación de posibilidades no normativizadas de la corporalidad.

¿Qué demanda el movimiento político de personas intersex?. La respuesta es a la vez simple y compleja, y puede traducirse en una demanda universal por el respeto a nuestra autonomía. Autonomía corporal. Autonomía de la decisión. Derecho a identidad y a la memoria. No es una sociedad sin géneros la que se pretende, sino el reconocimiento de la libertad inalienable de las personas para decidir sobre sus cuerpos.

Tal y como expresa la declaración de IGLHRC sobre derechos de género, “hacer de una intervención quirúrgica algo obligatorio viola el artículo 7 del Pacto Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos, según el cual en particular, nadie debe ser sometido a experimentación médica o científica sin su libre consentimiento.[…] Hacer que alguien deba consentir someterse a una intervención quirúrgica como precio a pagar por el reconocimiento civil, exigir la realización de una intervención de ese tipo para poder gozar de derechos, viola todos esos principios. Los derechos no pueden ser objeto de chantaje a punta de bisturí”.

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BIBLIOGRAFÍA

. Elizabeth A. Sheehan, “Victorian Clitoridectomy:Isaac Baker Brown and His Harmless Operative Procedure,” Roger N. Lancaster and Micaela di             Leonardo (eds) The Gender Sexuality Reader:Culture, History, Political Economy, pp. 325-334, 1997.                  . The Female Circumcision Controversy: An Anthropological Perspective. Escrito por Ellen Gruenbaum.                                                                                                                                              . Cuerpo femenino y diversidad cultural: El caso de la “mutilación genital femenina”. En educación e interculturalidad. Perspectivas y propuestas.                                                              . Pensar la Intersexualidad Hoy. Mauro cabral.  http://programaddssrr.files.wordpress.com/2013/05/pensar-la-intersexualidad-hoy.pdf

 

Itsasne Gaubeca Vidorreta. Formadora d’Educació Sexual i Agent de Prevenció de Violències de Gènere. Activista feminista licenciada en sociología. Impulsora del proyecto Gogara desde 2012. Puedes mantenerte en contacto conmigo,  vía Facebook, Twitter  o escribiéndome a gogaratallers@gmail.com

Cómo citar este artículo:

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[1] No nos ocuparemos en este escrito del tema de las personas que deciden someterse libremente a operaciones de cambio de sexo.

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