Histéricas

600px-Philippe_Pinel_à_la_SalpêtrièreHisteria proviene del término griego hustera, útero, matriz.

(Del fr. hystérie, y este del gr. στέρα, matriz, víscera de la pelvis).

  1. f. Med. Enfermedad nerviosa, crónica, más frecuente en la mujer que en el hombre, caracterizada por gran variedad de síntomas, principalmente funcionales, y a veces por ataques convulsivos.
  2. f. Estado pasajero de excitación nerviosa producido a consecuencia de una situación anómala.

Definición de la RAE, Real Academia española

En la antigüedad clásica se sostenía la idea de que algunos síntomas físicos en las mujeres eran producidos por el descentramiento del útero. Los antiguos griegos creían que el útero vagaba en el interior del cuerpo de las mujeres provocando una enfermedad, la del “útero ardiente”, cuyo origen era la abstinencia sexual. La prescripción médica para paliar la histeria era desde el fomento de la relaciones sexuales en mujeres casadas (o el matrimonio para las solteras) hasta masajes en la zona genital que una comadrona realizaba con sus dedos bañados en aceites.

La castidad y la virginidad sin embargo comienzan a ser algo valorado con la consolidación del cristianismo en Europa lo que lleva a tildar a las mujeres diagnosticadas histéricas como herejes, brujas y poseídas por el diablo. Cientos de mujeres fueron torturadas, asesinadas y estigmatizadas con la Inquisición por mostrar supuestas marcas de histeria. Un gran clítoris, incluso la mera constatación del clítoris era en la época de brujas razón suficiente para juzgar a mujeres inocentes.

Más tarde en la segunda mitad del siglo XIX esta presunta enfermedad se extiende ampliamente entre cualquier mujer de la época que presente cierta irritabilidad, ansiedad, fantasías o comportamiento insólito. Se habla incluso de una epidemia de histeria que afectó especialmente a mujeres blancas de clase media en Inglaterra y EEUU.

isaac-baker-brownPara comprender el verdadero carácter de esta supuesta dolencia médica, sin embargo, es preciso analizar el contexto social en el que se produce. La época victoriana estaba caracterizada por una doble moral en la que se apelaba al recato, a la castidad y a un ideal romántico de mujer angelical, sumisa, casta y dependiente. La idea de que la mujer no tenía la capacidad de sentir placer sexual estaba muy extendida entre la ciudadanía de una etapa histórica que educaba a las mujeres en la dignificación de la contención sexual y a contemplar la procreación o la satisfacción al marido como únicos objetivos honorables de sus relaciones sexuales. La insatisfacción de las mujeres se traducía en enfermedad y las que podían permitírselo acudían a un médico que las estimulaba sexualmente con sus manos hasta provocar un orgasmo. Existían muchas diferencias según se tratara la clase social de la mujer, pero en el caso de las burguesas se proyectaba un modelo de mujer valorado solo en tanto madre y esposa, en su función procreadora y en absoluta dependencia hacia el varón. El androcentrismo era tal que no es de extrañar que estas mujeres aquejaran diversos achaques que tenían más que ver con la frustración sexual, con la represión que las abocaba a una identidad femenina rígida y sofocante, que con una verdadera patología psiquiátrica. Uno de los mayores cómplices del poder era sin duda la ciencia médica al considerar enfermas a las mujeres aguerridas que defendían sus derechos y una identidad más allá de objeto subordinado al varón, más allá del rol tradicional. El poder médico decretando berrinche histérico las justas demandas de libertad de estas mujeres flaco favor hacia a intereses fuera del arbitrario y machista estatusquo. Los médicos consideraban a la mujer un ser potencialmente descontrolado sometido a su útero. La irritación del útero, como denominaban en sus ensayos a la histeria los ginecólogos de la época afectaba a la cordura de la mujer para cuya cura hicieron uso de diferentes técnicas quirúrgicas como la extirpación del clítoris o de los ovarios o recomendaciones médicas de reposo. Los resultados de las operaciones y las recetas eran valorados positivamente cuando se conseguía que las mujeres acataran su rol maternal y de esposa abnegada, sumisa resignación al ámbito doméstico que se asignaba para ellas; renunciando a su capacidad de decisión y su autonomía. Las mujeres eran percibidas como seres alienados, frágiles e incompletos, mero complemento, adorno del hombre. Las mujeres tenían como destino exclusivo un matrimonio en el que desempeñar el esperado rol social en el espacio privado y era acusada de loca y desubicada si osaba alejarse de él. La histeria no era más que la somatización o protesta que el malestar de una sociedad profundamente hostil y patriarcal provocaba a un gran porcentaje de mujeres naturalmente insatisfechas. En este ambiente es comprensible que muchas mujeres se ahogaran cayendo en cierta melancolía o depresión.

 

Itsasne Gaubeca Vidorreta. Formadora d’Educació Sexual i Agent de Prevenció de Violències de Gènere. Activista feminista licenciada en sociología. Impulsora del proyecto Gogara desde 2012. Puedes mantenerte en contacto conmigo,  vía Facebook, Twitter  o escribiéndome a gogaratallers@gmail.com

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Una resposta a Histéricas

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