Eso lo decido yo

SIoNO4 a.m, 14F, luna llena, 14 semana de embarazo

Esta tarde sorprendentemente primaveral, tras una sesión informativa sobre asistencia al parto en casa de una cooperativa de Barcelona, me he dirigido a la delegación del gobierno a manifestar mi repudio por la retrógrada ley del aborto que el gobierno del PP quiere aprobar.

Este feroz ataque a nuestro derecho a decidir ha provocado la indignación de cientos de mujeres que han sumado fuerzas en una contundente respuesta feminista a lo largo de este mes de febrero, con convocatorias en muchas ciudades europeas y del estado español.

Las frecuencias de la luna azotan mi inconsciente gestante, afectan mi sueño y salgo de la cama para empezar a escribir. Mis sentidos han estado a flor de piel todo el día y no puedo dejar de maravillarme por el inmenso influjo de la luna llena en mi mar.

Recientemente existe en el interior del movimiento feminista autónomo de Barcelona, al menos, uno o dos incipientes grupos de maternidades diversas de los que formo parte, en los que investigar, compartir dudas y sentires en torno a un amplio abanico de asuntos relacionados con las maternidades (reproducción asistida, crianza compartida, diversos modelos familiares, violencia obstetricia, etc.) en un intento por ampliar el imaginario que subvierta los límites de un concepto de maternidad que no siempre representa nuestros deseos o necesidades.

En el contexto actual y a raíz de algunos escritos más bien antimaternales ampliamente aplaudidos estos días, siento una enérgica necesidad de compartir mi punto de vista y experiencia de embarazo deseado como activista feminista, a fin de remover el debate. Y sobre todo aportar una simiente a la necesidad de acabar con la perpetuación del binario, promaternidad–antimaternidad como si esta rígida oposición sembrara base alguna para la proclamada libertad y derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos.

En el artículo “Construyendo un discurso antimaternal” Beatriz Gimeno saca a la luz algunos debates interesantes. Es necesario visibilizar los contras de la maternidad, sincerarnos para no caer en romanticismos maternales y comprender los esfuerzo y energía que suponen. Poner de manifiesto el hecho de que poder tener criaturas no justifica que todas las mujeres deseen tenerlos ni que esta opción sea preferible o mejor. Todo el tema prohibido y silenciado sobre las culpas, los arrepentimientos, etc. siendo conscientes de sus causas. Sin embargo, quisiera matizar algunos apuntes que no dejan de repicarme…

Los derechos sexuales y reproductivos por los que tanto hemos luchado las mujeres, envuelve como sabemos, tanto el derecho al placer sexual, a la educación sexual, a la libertad sexual, … como también el derecho a “Hacer Opciones Reproductivas, Libres y Responsables” es decir, poder decidir si queremos tener hijxs o no, el número y el tiempo entre cada uno, y el derecho al acceso a los métodos de regulación de la fertilidad”.

Cuando en la actualidad se esta prohibiendo a las mujeres interrumpir su embarazo de forma segura y libre se esta vulnerando este derecho. La discriminación en el acceso a la reproducción asistida en el sistema público a las mujeres sin pareja masculina (parejas de lesbianas y mujeres solas) también lo viola. De la misma forma, la esterilización forzada que padecieron, por ejemplo, miles de mujeres indígenas en la dictadura de Fujimori entre 1996 y 2000 también impidió que las propias mujeres decidiesen si querían ser madres o cuantos hijxs tener. En los tres casos el cuerpo de la mujer es controlado, dominado e infantilizado…

Aunque es imprescindible revelar la presión que aún padecen algunas mujeres producto del estereotipado y tradicional imperativo del rol de madres y esposas abnegadas, ¿Necesitamos realmente en el feminismo un discurso antimaternal? O necesitamos más bien discursos e imágenes que amplíen el abanico de opciones más allá del que el patriarcado o capitalismo nos ha atribuido sin demonizar ninguna legítima opción, ni la de ser madre de uno o más hijos, ni la de no querer serlo nunca, ni la de ser madre soltera, con pareja “hetero” o lesbiana?

Pretendemos como feministas ofrecer las condiciones, información e imaginario que permitan que cada una escoja la que más le convenga o le salga del coño, sin juicios paternalistas o achaques esencialistas, sin caricaturizar ninguna preferencia.

¿De verdad creemos que nos hace más feminista una u otra opción? Ser madre no es algo bueno o malo en sí mismo, al igual que ser bollera o gay no te hace directamente ni más feminista ni mejor persona. Porque ¿Se puede separar la heterosexualidad como práctica de la heterosexualidad como régimen político? Yo creo que si, que como apunta Beatriz Preciado “No se trata simplemente de con quién se va uno a la cama, se trata de definir en qué régimen político me inscribo, cómo estoy pensando las relaciones de poder. Por eso es que puede haber personas homosexuales que tienen posiciones totalmente normativas, o heterosexuales involucrados en el movimiento queer. Esa diferencia, entonces, ya no sirve políticamente”.

¿Se puede separar la práctica de tener hijos con la institución obligatoria de la maternidad? La reflexión sería similar, de manera que sentirnos amenazadas por aquellas compañeras que disfrutamos con la idea de ser madres, o por el contrario cuestionar a aquellas mujeres que no sienten ningún deseo en serlo está fuera de lugar y flaco favor hace a nuestra tarea feminista de sororidad y empoderamiento en la que cada mujer pueda ser dueña de su cuerpo, de su vida.

Además, y aún partiendo siempre de la critica a la maternidad obligatoria y reconociendo el prejuicio que existe en el imaginario social mayoritario general hacia las mujeres que a cierta edad no tienen pareja o no han sido madres (“se te va a pasar el arroz”, etc.); en los movimientos sociales, más en concreto en el movimiento feminista autónomo, al menos en el que yo me he movido los últimos 9 años y que conozco, el tabú más bien pasa a ser el contrario. No tener hijxs suele ser, lejos de ser condenada, una opción perfectamente admirable.

Con ello, tan sólo pretendo dar visibilidad a esta realidad para hacernos cargo de ella, y prestar atención a los matices, mitos y sensibilidades varias.

Como señala Brigiitte Vasallo en su reciente artículo “Desocupar la maternidad”: ¿Quién de nosotras, luchadoras, pensantes, reivindicativas, tomaría partido por un “ser madre” en esos términos de delantal y mesa camilla, aunque sea 2.0? No queremos ser madres. No lo somos. Pero los debates nunca incluyen la posibilidad de tener hijxs (de ser sus madres) sin convertirnos por ello en madres”.

En estos momentos en Barcelona muchas compañerxs estamos ilusionadas con la idea de tener una criatura, tratando de pensar maneras empoderantes de vivirlo, compaginable con seguir siendo una misma, sin necesidad de construir un discurso Pro-maternidad de la buena madre que nos ponga en un altar superior a nadie. Entendemos que las nuestras son alternativas legítimas de la misma manera que otras opciones.

No esconderé que simpatizo con las teorías de Michel Odent y Casilda Rodrigañez, que reivindico convencida el parto no mecanicista, el pecho a demanda y el colecho[1] porque realmente creo en la urdimbre, en que los acontecimientos de los primeros meses y años de vida de un bebé influirán decisivamente en su capacidad para disfrutar de la vida y para amar; considero que lo que sucede en los primeros minutos y días de vida tiene una huella psíquica profunda en el bebé y por lo tanto en la calidad de las relaciones humanas futuras y el tipo de sociedad que construimos. Pero mi demanda mayor es que toda interesada tenga acceso a información crítica y veraz, y sólidos apoyos y redes, que le permitan adueñarse de las decisiones que más segura y cómoda le hagan sentir, sean las que sean.

Lanzo otra pregunta al hilo de esto: ¿Hasta que punto nuestro contexto político social y los valores promovidos por esta sociedad capitalista posibilitan las condiciones necesarias para una paternidad y/o maternidad deseable y posible, y no una mera “reproducción de esclavxs”? Por un lado, la inseguridad económica y el paro, los recortes en la sanidad y la educación,  nos precarizan cada día dificultando la gestión de nuestras necesidades más primarias, en cuyo contexto se destierra a menudo la opción de traer una criatura al mundo. Por otro, se nos presenta como ideal de libertad un estilo de vida basado en el consumismo, individualismo, en el o la profesional que da su vida al trabajo. Se vende una idea de felicidad medida en riqueza monetaria, en reconocimiento social, invisibilizando la soledad y malestar que la falta de redes de apoyo y ausencia de tiempo para cuidarnos y para lo que realmente nos place implica a menudo. Este disciplinamiento del cuerpo como intento de transformar la energía y capacidades de las personas en fuerza de trabajo es indudablemente uno de los requisitos que el capitalismo requirió para su desarrollo y mantenimiento. “…De la misma manera que la naturaleza reducida a máquina pudo ser conquistada, el cuerpo, vaciado de sus fuerzas ocultas pudo ser atrapado en un sistema de sujeción donde su comportamiento pudo ser calculado, organizado, pensado técnicamente e investido de relaciones de poder”. “El cuerpo cartesiano no sólo se empobrece y pierde toda virtud mágica, está divorciado de la persona, está deshumanizado” “… el resultado es una redefinición de los atributos corporales que, hacen al cuerpo apropiado para la regularidad y el automatismo exigido por la disciplina del trabajo capitalista”.

En este contexto, un hecho relevante “fue la condena del aborto y de la anticoncepción como maleficium, lo que encomendó el cuerpo femenino a las manos del estado y de la profesión médica y llevó a reducir el útero a una máquina de reproducción del trabajo”[2]. La derecha española pretende mantener sus privilegios a costa de naturalizar la división sexual del trabajo y de que las mujeres paran mano de obra barata que puedan esclavizar, son los mismos que osan llamarse Provida. Pro qué? Ellos representan lo deshumanizado y la anti elección; Y a mi, me gustaría formar parte de aquellas que creen en una vida donde las mujeres podamos escoger, en una sociedad más justa y placentera donde las personas y sus necesidades sean lo prioritario. Y que mis pequeñas luchas, también la de “ser madre”, contribuyan a ello.


[1] Tendré que descubrir si una vez lo practique sigo pensando de la misma manera. En cualquier caso es mi sincero y humilde deseo y criterio ahora.

[2] La lucha contra el cuerpo rebelde, El Calibán y la Bruja, Federicci Silvia.

Itsasne Gaubeca Vidorreta. Formadora d’Educació Sexual i Agent de Prevenció de Violències de Gènere. Activista feminista licenciada en sociología. Impulsora del proyecto Gogara desde 2012.

Puedes mantenerte en contacto conmigo,  vía Facebook, Twitter  o escribiéndome a gogaratallers@gmail.com

Cómo citar este artículo:

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6 respostes a Eso lo decido yo

  1. Beatriz Gimeno ha dit:

    No creo que sea más feminista una u otra opción. Lo que yo digo es casi lo que dices tú. No es normal que no exista un discurso antimaternal porque la pluralidad sería lo deseable. Y no hay pluralidad. Las opciones contrarias a la maternidad están invisibilizadas. Si lees los comentarios a mi artículo en Píkara, verás cuántas mujeres se han sentido reflejadas en él. ¿Estas mujeres no tienen derecho a, simplemente, comentar sus deseos, necesidades, sensaciones…? ¿Es mejor ser madre que no serlo?

    • Gogara ha dit:

      Supongo que tengo q reconocer que en mi estado, me removió algo tu artículo :), y ya reconozco en mi escrito que apuntas debates interesantes. La pluralidad es lo deseable por eso necesitamos discursos que visibilicen todas las opciones, por supuesto también las que no quieren ser madres, pero sin subordinar una opción a la otra; porque precisamente aspiramos a no caer en dicotomias q no nos ayuden a reforzar aquello de que !en mi coño mando yo! que tanto insistimos las feministas. Por supuesto que tienen derecho,como las demás a expresarnos! Estamos de acuerdo entonces en qué no es más feminista una opción que otra ni que sea mejor ser madre que no serlo. Gracias por tu comentario Beatriz. A pesar de que obviamente, no siempre estoy de acuerdo con todo lo que dices, especialmente en lo que respecta al trabajo sexual, soy una admiradora de tus artículos y me encanta leerte.

  2. Fefa Vila ha dit:

    Creo que los discursos dominantes sobre la maternidad están encerrados en una dialéctica tremendamente dicotómica y mecanicista que o bien cosifica o bien esencializa. Comparto las visiones y análisis poderosos de Federicci; en menor medida comparto el análisis de Beatriz; aunque hay aspectos aislados en los que podría estar de acuerdo. Intuyo poderosamente que abordar las maternidades sin tener en cuenta el devenir continuo de las subjetividades-identidades; la interferencia motora de las emociones y los deseos y el psicoanálisis feminista de última generación nos quedamos en una superficie desde la cual es difícil un anclaje de comprensión y mucho menos de empoderamiento. No queda otra, investigación, estudio, escucha atenta.
    Gracias por el debate.

  3. Gogara ha dit:

    Muchas gracias Fefa por compartir tu opinión, es un honor. Y eso, a seguir investigando y escuchándonos.

  4. Sonia Giménez ha dit:

    Comparto tu entrada, que me ha encantado, lo mismo que tu blog.
    Saludos y sonrisas!!

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