G O G A R A

risassss

Gogara nace en el año 2012 con la intención de investigar, crear y sensibilizar desde una perspectiva de género y feminista. Fomenta la transformación tanto individual como social a partir de la promoción de la conciencia crítica y el empoderamiento.                                    Es una entidad dedicada a la educación sexual y a la prevención de las violencias de género, que pretende contribuir a la construcción de una sociedad más justa y placentera, donde el deseo, frente a la violencia, la represión, la discriminación o la mentira, fluya “recorriendo todo el campo social”.

El nombre que corona este proyecto, Gogara, significa en euskera “al gusto”, “al agrado de”. También resulta ser un pueblo del distrito de Pali, en Rajastán, India. Pero a mi, si me preguntan, me gusta responder, estirando las palabras y haciéndolas bailar, que significa “estar a gusto”, “sentirse bien”, por ello lo escogí.

El bienestar individual e interpersonal dependen en gran medida del desarrollo de nuestra sexualidad, entendida como comunicación y placer, como una dimensión crucial del ser humano que abarca tanto lo biológico, como lo afectivo, emocional y social, y que por tanto, incluye mucho más que lo exclusivamente genital o coital, mucho más que sus aspectos biológicos y su enfoque reproductivo y preventivo.

La(s) sexualidad(es)[1] en tanto fuente de placer y manera de estar en el mundo, es probablemente una de las facetas que más directamente se relacionan con la sabiduría y el bienestar individual y social, uno de los aspectos que más influyen con la autoestima, con sentirse bien y ser dueño de la propia biografía. Se trata de un área fundamental en el proceso de desarrollo de las personas que permitiría, bien integrada, realizar el proyecto vital de forma satisfactoria y sostener relaciones afectivas equilibradas con los demás.

La sexualidad es algo con lo que vivimos desde que nacemos hasta que morimos, y aunque se expresa de diversas formas dependiendo de la edad, la especificidad y contexto cultural de cada persona, lo que es innegable y crucial reconocer es que nuestras vivencias y formas de expresar la sexualidad determinan en gran medida nuestra manera de ser (personalidad) y nuestra autoestima.

Aunque en los últimos tiempos parece que desde algunos ámbitos se está retomando el interés por el bienestar y la calidad de vida del ser humano, la sociedad ha tendido siempre a subordinar lo corporal y lo afectivo a los aspectos más racionales e intelectuales, considerándolos prioridad y de un estatus superior que los sentimientos. Como la escuela, que se ha focalizado en lo cognitivo preocupándose únicamente por las notas, el rendimiento académico y la vida profesional de sus alumnxs (y profesores), ignorando a menudo el mundo emocional y los problemas cotidianos de la vida real, cuestiones paradójicamente indispensables para ejercer nuestro derecho al buen vivir, necesarios para aprender a ser “felices”[2], proyecto vital de todo ser humano. Los gobiernos se han decantado a su vez, por mantener sociedades mercantilistas en las que las personas sean meras consumidoras y no sientan ni piensen críticamente.

Este modo de producción dominante de acumulación de mercancías propio de la lógica capitalista que subordina las necesidades de las personas frente al capital se nos presenta además incuestionable a pesar de que amenaza trágicamente el bienestar del conjunto social y del ecosistema. Este sistema basado en el crecimiento económico es legitimado por los mitos del desarrollo y el progreso, justificado por ser el garante del bienestar, la prosperidad, la felicidad; pero en realidad favorece un modelo de vida individualista, agresivo, competitivo y muy poco creativo que genera sensaciones de malestar y de soledad, genera violencia, discriminación y un empobrecimiento cada vez mayor de las relaciones humanas.esoooooo

Desde Gogara, que crece alimentada de las influencias de la Coeducación, el Feminismo, el Decrecimiento y la Educación Popular, defendemos un Modelo de Educación Sexual Crítico e Integral. Un modelo que tenga en cuenta a las personas en su globalidad contemplando tanto su dimensión afectiva, corporal, social como psicológica o intelectual; que comprenda que todas y cada una de las personas somos sexuadas en su diversidad y que para comprender la realidad este aspecto consustancial es imprescindible.

Una educación sexual que bien podríamos denominar educación sentimental o educación sexoafectiva[3], cuyo cometido es fomentar una visión positiva de la sexualidad desterrando el oscurantismo que la relacionan con algo peligroso, sucio o impuro, y asumiendo que la disposición para sentir placer de nuestros cuerpos desde el alumbramiento es una bendición que vale más la pena cultivar y disfrutar. Nuestro modelo educativo pretende desplegar nuestra capacidad de comunicación, empatía y sensibilidad, y permitir que cada persona viva su sexualidad de manera auténtica, sana y responsable. Desea ofrecer herramientas para aprender a tejer la vida personal y la colectiva. Del mismo modo, centra su atención en el autoconocimiento y la autoestima, y busca estimular la creatividad y el pensamiento crítico para lograr vivir de la manera que escojamos, respetando “lo diferente”  alejadas de mitos, tabúes, prejuicios y estereotipos.

Aunque teórica o aparentemente no es así, uno de los modelos de educación sexual que prevalece en la actualidad[4] sigue siendo el modelo sanitario o higienista focalizado en la prevención de enfermedades de transmisión sexual y de embarazos no deseados.A pesar de reconocer la envergadura del malestar que provocan y la necesidad de contemplar este tipo de prevención en cualquier propuesta educativa, creemos que se trata de un error reducir la actuación a ello, ya que alimenta la asociación entre peligro y sexualidad, además de que, como revelan las estadísticas, el número de contagios de enfermedades como el SIDA, herpes, gonorrea o sífilis y de embarazos no deseados va en aumento, por lo que queda demostrado que la información sobre los riesgos no es suficiente ni garantía de verdadera conciencia. Ceñido a temas vinculados a la anticoncepción y prevención de riesgos sexuales este modelo reduccionista suele venir caracterizado por una perspectiva marcadamente coitocéntrica y heterosexual.  Desde mi punto de vista, esta conceptualización sobre la sexualidad debe urgentemente someterse a una dura crítica en beneficio de una noción mucho más global, respetuosa y diversa. Tradicionalmente la sexualidad se ha equiparado exclusiva y erróneamente con la reproducción lo que ha provocado una serie de limitaciones que es fundamental nombrar, al menos brevemente, ya que se perpetúa incluso hasta el presente, con consecuencias nefastas.

A partir de esta falsa creencia:

Sexualidad = Reproducción

Se han derivado todo el resto de desacertadas e inexactas preconcepciones:

Sexualidad = Genitalidad, Coito, personas Adultas, Heterosexualidad, Matrimonio, Orgasmo.

La negación, incluso la estigmatización, de todo lo que no atienda al único objetivo contemplado de la sexualidad, la concepción, es el fruto de este marco represor, pobre y reduccionista. La masturbación, la sexualidad femenina, la sexualidad infantil y la sexualidad en la vejez, la homosexualidad, el lesbianismo o la bisexualidad, son silenciadas, intolerables, cuando no consideradas perversiones. El cuerpo, todo él sexuado, queda reducido a unos determinados órganos, los genitales, como si cada rincón de nuestra piel no fuera potencialmente atravesada por sensaciones placenteras. Miradas, caricias, besos y las infinitas posibilidades y prácticas sexuales y gozosas que el cerebro, miembro sexual por antonomasia, es capaz de despertar, quedan o bien supeditadas en calidad de preliminares o patologizadas[5] en esta estrecha visión.

La denuncia del patriarcado como una organización jerárquica de supremacía masculina forma parte crucial de esta labor educativa. La discriminación por razón de sexo, la institucionalización de la división sexual del trabajo o el control de la sexualidad femenina que derivan de este orden dicotómico y falogocentrista son algunos de los objetivos a desmantelar. Rescatamos la tarea coeducativa que rechaza los valores dominantes de la sociedad patriarcal, y cuestiona los estereotipos de género adquiridos en todo el proceso de socialización; la que denuncia la violencia estructural a la que se ven sometidas las mujeres, las personas transexuales y en general “los otros” en una cultura sexista y androcéntrica, respeta las distintas orientaciones sexuales y se interesa porque la educación no este al servicio del mercado de trabajo que haga encajar al alumnado en este enfermizo status quo y posibilite algo más que la mera reproducción de la organización actual de la sociedad.

Impulsamos, en resumen, una propuesta centrada en la vida, en el cuidado de las personas, en alimentar mentes críticas pero alegres, capaces de sentir el gusto por la vida, capaces de empatizar con las injusticias y de denunciar la ideología que perpetua un orden social machista, capitalista y deshumanizado. Nuestro proyecto pretende poner de relieve la importancia de la revalorización de los afectos, de la dimensión emocional y social humana, del reconocimiento de las tareas de cuidado de las personas y la vida, que aunque tradicionalmente han recaído sobre las mujeres, y por ello han sido no remuneradas y desvaloradas, deben asumirse colectivamente como condición imprescindible para la sostenibilidad de nuestra sociedad, de la vida.

 

 

 


[1] Sería más adecuado hablar en plural de sexualidades ya que existen infinitas maneras de vivirla. La sexualidad comprende todas las edades, todos los sexos, géneros y orientaciones sexuales, todas las identidades, etc. Sexualidad y diversidad van de la mano.

[2] Rechazamos la insistencia con que algunos autores o gurús hablan del término “felicidad” como fórmula mágica en una especie de aleccionamiento vacuo. El bienestar al que nos referimos aquí acepta la existencia del dolor y la duda existencial, acepta el sentimiento de malestar que el contexto pueda proporcionarnos porque esto también forma parte de nuestra humanidad; la felicidad en la que insistimos versa sobre la reconciliación con unx mismx, sobre las ganas de vivir, la capacidad de luchar y la autoestima. Tiene que ver con aprender a disfrutar de la mejor manera las posibilidades de cada una y a percibir los placeres de la vida, con la capacidad de construir la propia biografía más allá de la imposición de un estilo de vida dado.

[3] Aunque consideramos que el concepto de sexualidad alude tanto al placer, a la comunicación, a la afectividad como al erotismo, y la denominación afectivo-sexual pareciera dividir lo sexual de lo afectivo como si la primera no incluyera la segunda, o como si acentuara tan sólo uno de los cometidos de la sexualidad; creemos conveniente agregar el elemento afectivo para remarcar la dimensión emocional de la sexualidad especialmente olvidada en el imaginario colectivo.

[4] La práctica real de la educación sexual como materia o incluso en forma de talleres puntuales en el currículo escolar brilla por su ausencia, y en los pocos casos en los que la formación existe, suele atender a a los aspectos biológicos o de prevención de ETS o embarazos.

[5] La desexualización o desvitalización del cuerpo entendido como la reducción de los espacios placenteros a los órganos genitales en el proceso de normalización sexual iniciado en el siglo XIX, como la sumisión del cuerpo al trabajo, a la producción de capital, es un tema que quiero retomar detenidamente en próximas entradas.

IMGP7847Itsasne Gaubeca Vidorreta. Formadora d’Educació Sexual i Agent de Prevenció de Violències de Gènere. Activista feminista licenciada en sociología. Impulsora del proyecto Gogara desde 2012.

Puedes mantenerte en contacto conmigo,  vía Facebook, Twitter  o escribiéndome a gogaratallers@gmail.com

Cómo citar este artículo:

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